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Santificar el trabajo en el hogar

Dentro de cualquier hogar –cualquiera que sea, porque también la mujer soltera ha de tener un hogar- nos encontramos con necesidades propias como son atender la alimentación de sus miembros, su ropa y demás requerimientos para hacer nuestros hogares luminosos y alegres, como le gustaba decir a san Josemaría.

Cada uno ha de santificar su profesión, el atender un hogar es una profesión, ha de santificarse en su profesión y ha de santificar con su profesión. Veamos como es esto.

Santificarse realizando las labores del hogar. No basta tan solo con hacer bien el trabajo, es preciso que ese trabajo nos lleve a Dios: nos santifique. Santificar nuestro trabajo y nuestro ambiente, poner a Cristo en todas las actividades que realizamos en nuestra casa y todo por amor, el trabajo así es oración, acción de gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en la tierra, amados por El, herederos de sus promesas.

Santificarse en las labores ordinarias de nuestro hogar supone un constante ejercicio de virtudes sobrenaturales y humanas. La fe en que ese trabajo, aparentemente tan poco importante, es querido por Dios como instrumento de corredención, muy agradable a sus ojos. La esperanza de alcanzar la santidad propia y la de los demás. La caridad: trabajando por amor a Dios. La justicia, cumpliendo nuestros deberes familiares que es el modo de contribuir a la solución de los problemas del hogar y de la sociedad. La templanza y la humildad, porque no se busca el aplauso, la satisfacción personal, sino el cumplimiento de la Voluntad de Dios. La prudencia, para considerar en cada momento lo que hay que hacer y como conviene hacerlo. La fortaleza, para no abandonar el trabajo comenzado, para perseverar hasta terminarlo, para superar las incomodidades, la posible falta de medios….Y el orden, para que el trabajo de la casa nunca sea obstáculo para el cumplimiento de nuestros deberes con Dios y con la familia.

Santificar a los demás con las tareas del hogar. Todo trabajo bien hecho constituye una aportación al bien de los demás, ya que todas las actividades humanas, en la medida que son vehículos de ideas, sirven para dar buena doctrina, con naturalidad. El trabajo del hogar es también apostolado, ocasión de entrega a los demás, para revelarles a Cristo. Nos dice san Josemaría: compórtate como si de ti, exclusivamente de ti, dependiera el ambiente del lugar donde trabajas; ambiente de laboriosidad, de alegría, de presencia de Dios y de visión sobrenatural.

Escuche a un sacerdote que la santidad consiste en que todo lo que realicemos lo hagamos ofreciéndoselo a Dios, que nuestra alma este en gracia, o sea habernos confesado, y que lo hagamos con la mayor perfección posible, por lo que concluyo que definitivamente ocuparnos de las labores del hogar bien pueden contribuir a lograr la santidad tanto nuestra como la de nuestros seres queridos.

Ma. Dolores García de Luquín.

BIBLIOGRAFIA
Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer. Minos
Amigos de Dios. Josemaría Escrvá de Balaguer. Minos.
Es Cristo que pasa. Josemaría Escrivá de Balaguer. Minos