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Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?

Por Juan Ignacio Bañares:

Prepararse a emprender un viaje para toda la vida exige escoger el compañero adecuado? ¿Cómo combinar cabeza y corazón?
El objetivo del noviazgo es poder transitar del enamoramiento, a un amor más efectivo y libre.


El noviazgo, una escuela de amor

 “El noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Es una escuela de amor, inspirada no por el afán de posesión, sino por espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza"[1].

Ahondar en el conocimiento mutuo implica hacerse algunas preguntas: qué papel desempeña y qué consecuencias conlleva el atractivo físico, cómo se lleva cada uno con la familia y amigas o amigos del otro, existen suficientes ámbitos de independencia en la actuación personal de cada uno, los motivos de fondo que empujan a seguir adelante con la relación, qué valor da cada uno a la fe en la relación...

Conocer la situación real del otro: comportamiento familiar, profesional y social; salud y enfermedades relevantes; equilibrio psíquico; disposición y uso de recursos económicos y proyección de futuro; capacidad de compromiso y honestidad con las obligaciones asumidas; serenidad y ecuanimidad en el planteamiento de las cuestiones o de situaciones difíciles, etc.

Compañeros de viaje

Examinar el estado de la relación de noviazgo.
¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo? ¿Cómo nos hemos enriquecido − o empobrecido − en nuestra madurez personal humana y cristiana? ¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro? ¿Sabemos ser a la vez comprensivos y exigentes: para no pactar con los defectos de uno y otro?¿Tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio? ¿Existe una cierta madurez afectiva? ¿Compartimos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia? ¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando aparecen desacuerdos? ¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia? ¿Reconocemos los propios errores? ¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad? ¿Cuidamos la exclusividad de la relación? ¿Nos planteamos cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?

El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos? ¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana?

Proyecto de vida futura

Los aspectos tratados pueden ayudar a cada uno a discernir sobre la elección de la persona idónea para la futura unión matrimonial.

No se trata de pensar “cuánto le quiero" o “qué bien estamos", sino de decidir acerca de un proyecto común y muy íntimo de la vida futura.

Nunca se debe pensar que el matrimonio es una “barita mágica" que hará desaparecer los problemas. La sinceridad, la confianza y la comunicación en el noviazgo ayuda mucho a decidir si conviene o no proseguir esa relación con vistas al matrimonio.

opusdei.es.

[1] San Josemaría, Conversaciones, n. 105.
[2] Gaudium et Spes, n. 48.